Entre la espada y la pared

Alfredo Vara
Alfredo Vara EL PUENTE

OPINIÓN

Ayer fue día de relevos sonados, de apertura de puertas y ventanas y de alardes de conexión con la ciudadanía, de saludos y confraternización de alcaldes recién estrenados en plazas repletas. También fue jornada de frases solemnes, de dejar bien claro que desde ahora todos somos alcaldes y alcaldesas, de que el pueblo ha entrado en su casa, de «goberno da xente e para a xente», de «gobernar para a maioría agredida».

Pero no tendrán tiempo ni para secarse las lágrimas de la emoción ni para que el pecho se libere de la opresión de la solemnidad del momento, porque será sustituida al segundo siguiente por la presión de las espadas que los empujarán contra la pared.

La presión de quienes los han llevado en volandas al sillón de la alcaldía, con el objetivo de desviar la trayectoria de la espada punzante de la injusticia para que deje de apuntar a tantos que han visto empeorar sus condiciones de vida.

Esa espada ha empezado ya a empujarlos contra la pared de la exigencia de cumplimiento de objetivos de déficit y de corsés legales y les recordarán lo exiguo de su capacidad de maniobra frente a quienes siguen controlando resortes decisivos de poder.

Tendrán que demostrar que son capaces de cuadrar el círculo de gobernar especialmente para los agredidos sin salirse de los estrechos cauces marcados. De que después de mover el muro del bipartidismo, infranqueable durante décadas, les quedan fuerzas para remover otros más altos sin que se caiga la casa.