Ya está haciendo la primavera su atadillo de emigrante, se va al país de las estaciones viejas con su fardo de olores que perfumaron abril y mayo, sus atardeceres de copla antigua y sus cielos de color violeta. Está a punto de viajar a otros pagos donde es otoño austral, regalando lluvias de bienvenida. Dejó escrito un poema triste en el corazón de los enamorados. Se va despacio la primavera, ya nota cómo el verano la está desalojando y casi no tiene fuerzas, pobre primavera vieja, para contener los empujones que el joven junio le propina.
Llega arrogante proclamando el solsticio que divide el año en dos mitades, entronizando el sol vigilante que se desparrama arrogante sobre los cuerpos varados en los arenales que baña la mar. Sacralizando el verano, la estación de la luz que declina cuando agosto está mediado, después de la fiesta de la Virgen.
Junio es un cartel, un pasquín pegado en una pared que anuncia las maravillas del verano que junio inaugura. Es una postal de una playa de Puglia en el fondo de pantalla del ordenador, un guiño de color en una foto colgada en Facebook, el código de barras de las vacaciones anunciadas mientras los sueños de paraísos de colores son el paisaje imaginado en las terrazas antes de descorrer las cortinas del alba.
Junio incendia la noche en mil hogueras cuando el calendario subraya la fiesta cívica de san Juan y quema todo lo viejo mientras las olas festonean en la orilla la noche más corta, y saludan al verano nuevo lavándole el rostro en una jofaina con agua de rosas y lavanda que mantiene el relente de la madrugada.
Cruza junio una bandada de pájaros que vuelven al sur y escriben códigos secretos en el viento mientras el paseante mira cómo se arremolina la brisa en el camino.
Se escuchan las canciones de una fiesta campesina y por Galicia los cohetes de la fiesta anuncian las verbenas de san Juan, el discípulo más amado.
Junio vive en la memoria de los días luminosos, es víspera de otras jornadas todavía por venir, la trilogía de los tres largos meses con julio y agosto y casi todo septiembre, gavilla de esperanzas vanas, oasis en un desierto cercado por espejismos, junio de junios, sexto mes de una docena que totaliza el año que ya va por la mitad.
Cuando a mediados de mes la sardina moje el pan, y la xouba preludie el verano, tendrá lugar en los ayuntamientos el advenimiento de un cuatrienio revolucionario y las mareas proclamarán, como en los tiempos de la vieja Francia bonapartista, un nuevo calendario que convertirá a junio en mesidor, el mes de la cosecha, como se llamó en su día. Celebremos junio, gocemos junio, participemos del regocijo, del regalo de la luz y del verano que llega.