En el curso 2003-04 el PP implantó por primera vez el préstamo de libros de texto. Los niños de sexto de primaria lo estrenaron. Dos años después, con la llegada al gobierno de la Xunta del bipartito, la medida se generalizó a toda la educación obligatoria. Hubo defensores y detractores, estos últimos sobre todo libreros y editores. El préstamo, con mucho trabajo por parte de los centros educativos, fue funcionando. De las ventajas del modelo destacaba sobre todo el aprender a respetar y cuidar los libros. De las desventajas, un argumento reiterado y no escaso de demagogia: todos le pagamos los libros al hijo del rico. El PP decidió por lo tanto sustituir en el 2009 el préstamo universal por las ayudas directas a las familias con rentas bajas. Porque era importante que los niños tuviesen libros en propiedad. Seis años después decide que ya no es tan relevante esta propiedad, y reinstaura el préstamo, pero solo para las rentas bajas. Ahora ya sabremos a quién se los pagamos, a quien los lleve usados.