E l rotundo triunfo de Cameron en las elecciones en el Reino Unido ha vuelto a poner en cuestión la validez y utilidad de los sondeos. Transmitían un empate técnico entre conservadores y laboristas hasta un día antes del escrutinio. Un patinazo monumental, se pregona. No discutiré el desacierto, pero convendría tener en cuenta el sistema electoral británico a la hora de extrapolar conclusiones. Un partido puede ser el más votado por los ciudadanos y no conseguir la mayoría en el Parlamento y, por tanto, no tener el gobierno. Se elige a una persona en cada distrito electoral. Es suficiente con obtener un voto más que su rival más cercano. Quien gana, aunque sea por la mínima, se queda con todo lo que estaba en juego. No es lo que sucede en España. Ese sistema mayoritario se propuso en su día por UCD para las elecciones municipales y fue rechazado por Alianza Popular. Acaba de saltar otra vez con ocasión del resultado de las elecciones autonómicas en Andalucía. Su propuesta por la Presidente en funciones deja en evidencia a su partido, que en las anteriores elecciones evitó que gobernase el más votado. El momento electoral no es el idóneo para entretenerse en la reforma del sistema, repentizando fórmulas en busca de titulares: una segunda vuelta, como el gran descubrimiento y panacea. El sistema mayoritario en las elecciones municipales se adecúa a un distrito reducido que permite la constante relación entre elegidos y elegibles. La existencia de una posible moción de censura positiva haría inútil la inicial segunda vuelta. Los cálculos de cada cual estarán siempre detrás de su aceptación o rechazo. Habrá que esperar el resultado de las elecciones. Aun con sus inseguridades, los sondeos transmiten tendencias no desdeñables. Las elecciones municipales proporcionan un test sobre la posible influencia de la persona y la de la marca con la que se presenta, deducibles incluso de la propaganda electoral. Aludiendo a lo más cercano, parece bastante claro que el candidato es un plus sobre la formación política en Pontevedra, Vigo y A Coruña, enumerados en manera descendente de acuerdo con los votos previsibles a favor del BNG, PSOE y PP. En esos casos la apreciación de la persona se encuentra unida a la labor realizada durante su mandato, dicho sea con toda asepsia. No hace falta ser politólogo o sociólogo para concluir que lo contrario sucede con Ciudadanos. La persona refuerza la sigla en el caso de Madrid, tanto por el PP, como por Podemos. Resulta más difícil discernir qué porcentaje habrá que atribuir al candidato y a la sigla en candidaturas constituidas ad hoc, cuya relación con Podemos no es oficial. El pronóstico sobre la ciudad de Barcelona da que pensar; unido al previsto para Ciudadanos introduce un nuevo elemento inesperado en la cuestión catalana. En apoyo de la persona se sigue con la liturgia de que acudan líderes nacionales. En el PP, al parecer, se selecciona. A Galicia puede venir sin problema la Ministra de Fomento.