Veo, veo


A veces pienso que podemos salir reforzados de la crisis y que hay muchas cosas que van a cambiar para siempre y para mejor, pero me basta con ver un rato la televisión y salir a la calle para que rápidamente se me pase la euforia.

Porque sigo viendo tomar por estúpida a la gente por el mero hecho de ser una buena persona y un buen contribuyente, lo que hace que medre a sus anchas la gente indeseable.

Porque veo a niñatas de dieciséis años salir de fiesta como si fueran al salón Kitty y niñatos de la misma edad con el rostro cosido de metales. ¿Será necesaria tanta desmesura para poder captar la mirada del otro? Porque veo el terror generalizado a olvidarse el móvil o quedarse sin batería, lo que demuestra que nosotros también funcionamos con ellas. De ahí el pánico.

Porque me cansa ver tantas veces la película El mes que viene hago la media maratón, obra de los mismos productores que Escapando da morte y los guionistas de A mí Sabino que los arrollo. No tendremos presupuesto para reparar tantas rodillas dentro de diez años.

Porque veo gente metiéndose droga que ha surcado mares y recorrido caminos polvorientos metida en el culo de alguien y al mismo tiempo le hacen ascos a comerse un yogur caducado.

Gente que devora todo tipo de venenos sin prospecto pero se niega a tomar la medicación.

Porque veo cuestionar la legalidad de instalar cámaras en la vía pública por atentar contra la intimidad, y luego exhibirse sin pudor en las redes sociales y demás escaparates tecnológicos.

Gente que se cree que su vida es algo nuevo y singular y no la misma redundancia cansina de tantas otras.

Y veo gente que confunde el poder con la inmortalidad y piensa que cuanto más poderosos sean, más protegidos estarán frente al infortunio. Un equívoco que nos sigue machacando.

Y que proliferan los que dan la impresión de que los recortes en educación ya les han afectado y no saludan, no conocen el usted, no ceden el paso, ni saben lo que es pedir disculpas.

Veo que no se extingue la especie de los que aprovechan cualquier cosa para hacerse la víctima y exhibir ese orgullo de perdedor que dice que va a suspender y siempre aprueba.

Y con todas estas cosas que aún no ha barrido la crisis: ¿Cómo le explicas a tu hijo que es mejor ser licenciado sirviendo hamburguesas en un MacDonalds, que choni en un reality show?

¿Cómo le convences de que un buen libro produce más sensaciones que la tableta?

Ya les digo, el subidón se me pasa enseguida.

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