O acuerdos o caos

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

05 may 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Lo que está ocurriendo en Andalucía con la busca, compra o seducción de votos por parte de la señora Díaz es muy entretenido, pero alarmante. Lo mismo que sucede en el Parlamento andaluz puede suceder en otros parlamentos regionales y en importantes ayuntamientos dentro de veinte días. Por eso titulo esta crónica «o acuerdos o caos». Parece la única alternativa ante un panorama político fragmentado, donde los nuevos partidos necesitan demostrar su fuerza y no contaminarse con conexiones con la casta y donde el Partido Popular espera beneficiarse del caos.

La situación andaluza puede cambiar, incluso antes de la publicación de esta columna. Pero en el momento de escribirla las cosas están así: la señora Díaz ha hecho un discurso que no buscaba otra cosa que complacer las aspiraciones de Ciudadanos y Podemos; esos partidos, más Izquierda Unida y el Partido Popular no se sintieron satisfechos; Podemos, IU y PP anunciaron su rechazo y solo Ciudadanos está dispuesto a seguir negociando. Si las cosas no cambian, no es descartable la repetición de elecciones, con un resultado que no garantiza ninguna mayoría suficiente ni un cambio sustancial en los agentes políticos: el escenario perfecto para una larga inestabilidad.

¿Os imagináis que lo mismo ocurre en Madrid, donde las encuestas describen un horizonte parecido al de Andalucía, con la única diferencia de las siglas del partido ganador? ¿Os imagináis que ocurre en todas las comunidades donde hay elecciones y en todos los grandes municipios? No es que España esté destinada a tener dificultades para ser gobernada. Es que será literalmente ingobernable. Y no será solo por diferencias ideológicas. Será por puro tacticismo y por intereses no siempre confesables.

Tacticismo en los nuevos, que quieren seguir creciendo en la indefinición. Por eso sería un signo de madurez y de solvencia política que Ciudadanos prefiriese la gobernabilidad, aunque fuese con la nariz tapada, al falso orgullo de sentirse imprescindible.

E intereses poco confesables en todos, pero de forma especial en el PP, cuya actitud merece un análisis de diván: quiere que gobierne la lista más votada, pero, a juzgar por su actitud andaluza, se refiere a que la lista más votada sea la suya; para los demás no vale. Se queja de la cantidad de elecciones convocadas, pero trabaja tenazmente para que se repitan las andaluzas, por si la suerte cae esta vez de su lado. Y arremete contra Ciudadanos por su horrendo pecado de ayudar a que haya un gobierno en Andalucía. En la disyuntiva pactos-caos, el PP se apunta al caos, algo insólito en un partido gobernante. Es todo un poco deleznable. No me extraña que la gente esté hasta el gorro. Y más que lo va a estar.