La enseñanza de la Medicina en Galicia

OPINIÓN

04 may 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

El acuerdo firmado por los rectores de las universidades con la Xunta de Galicia es un paso que confirma la necesidad de que los hospitales públicos tengan un papel insustituible en la formación de los médicos. Según el rector de Vigo, «no 98 empezouse a falar en serio disto». Empieza antes. La historia se describe en un libro auspiciado por el Ayuntamiento de A Coruña. En 1990, poco después de tomar posesión como rector de la Universidad, acepté la invitación a un almuerzo con tres destacados miembros del entonces llamado Juan Canalejo: el gerente y los doctores Cerviño y Castro Beiras. Plantearon la viabilidad de una licenciatura de Medicina en la recién creada universidad. No sé si con perplejidad de los invitantes manifesté que había de empezarse a construir desde arriba. Y así se hizo.

Comenzó en 1994 con la creación del Instituto de Ciencias de la Salud, concertado entre el Sergas y la universidad. Entre sus objetivos figuraba la impartición de estudios de doctorado y de posgrado, además de la investigación. Era fundamental porque no había Facultad de Medicina. El Consejo de Universidades, para pasmo de muchos, autorizó en 1995 el doctorado en Medicina. El rector debió torear en solitario en aquella plaza para convencer de lo que, en principio, parecía un imposible. Desde entonces han sido numerosos los doctores en Medicina por la Universidade da Coruña. Eso ha sido clave para que el Instituto de Salud Carlos III haya otorgado recientemente la excelencia al Instituto de Investigación Biomédica del Chuac y la UDC.

Se creó el departamento de Medicina integrado en una Facultad de Ciencias de la Salud, evitando el nombre de Medicina, en el que se ha centrado una estéril polémica. Un hito importante fue el concierto entre el Sergas y la universidad, publicado en el Diario Oficial de Galicia de 31 de diciembre del 2001, firmado por Fraga, el presidente del Sergas y el rector. El Hospital Juan Canalejo se convertía en hospital universitario, pero no en general, sino de la UDC y se otorgaba la condición de vinculadas a determinadas plazas de profesores. El objetivo era la formación clínica «de calquera dos tres ciclos universitarios e estudios de posgraduados». Solo transitoriamente podría continuar «o actual rotatorio do sexto ano da licenciatura de medicina»; obviamente de Santiago. Por el contrario, en el protocolo firmado por los tres rectores en mayo del 2008, el hospital ya no tiene aquella condición. Se limita a que en él se desarrolle formación clínica de estudiantes de Medicina de la Universidade de Santiago, cuya facultad tendría que ver con la organización de la docencia. Algo se ha arreglado, pero la cuestión de fondo sigue intacta. La participación de los hospitales no debe limitarse a unas prácticas en uno o más años, con trasiego de los estudiantes desde otra universidad. Teoría y práctica no deben estar disociadas. Lo confirman directivas y experiencias. Era el objetivo del ciclo clínico en la UDC.