Para nada me opongo a que nuestros jóvenes se diviertan. Pero que no molesten a los ciudadanos que tienen que levantarse temprano para ir a trabajar, o que esperan con expectación la llegada del fin de semana para poder descansar un poco más de lo habitual. Las copas hay que tomarlas en los pubs debidamente insonorizados, y no, sobre todo con la llegada de la canícula, a las puertas de los mismos, justo debajo de donde intentan dormir cientos de ciudadanos.
¿Qué espera la policía local de tanto municipio para invitar a retirarse a grupos de jóvenes que en plena confluencia de calles entonan himnos a las cuatro de la madrugada como si en la cima de una lejana montaña se encontraran? Si a esos muchachos, y no tan muchachos, no se les enseñaron formas a su debido tiempo, tal vez aún estén a tiempo de aprenderlo a golpe de multa. Pero para eso tienen que involucrarse nuestros regidores municipales, como encargados que son de que la cívica convivencia impere en nuestros pueblos y ciudades.
De la misma manera que quien desea salir tiene decenas de locales destinados a disfrutar de la noche, reivindico el derecho de quien opte por retirarse a descansar pueda hacerlo sin que ningún cantante frustrado de rock duro se empeñe en convertirlo en su seguidor más asiduo. No creo que sea mucho pedir.