La mandíbula de oro contra el filipino forrado en dólares sobre un ring de diamantes. Así es la pelea, o la recaudación, de este fin de semana entre Floyd Mayweather Jr. y Manny Pacquiao. Lucharán por un cinturón de esmeraldas. El dinero que paga la lucha. Un negocio fabuloso en Las Vegas. Todo lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas, menos esta pelea que la verá más de medio mundo. Es el combate del siglo, porque hemos cambiado de siglo. En el siglo XX hay tantos. El de Frazier contra Alí. El de Alí contra Foreman en Zaire. Manny Pacquiao ha grabado hasta un videoclip con una canción en la que dice que luchará por los filipinos. El padre de Mayweather, entrenador de su hijo, y el entrenador de Pacquiao se odian. Todo parece escrito por ese pitbull de la literatura que es James Ellroy para que salte la sangre y allane el camino hacia el botín, que puede ser de 150 millones de dólares para el ganador y de unos 80 para el perdedor. La caja de las entradas ya es la más alta de la historia y la venta por cable. Los derechos para televisión para otros países están más eléctricos que una línea de alta tensión. Y las apuestas son material explosivo. En juego, que Money, o sea Mayweather Jr., se acerque al récord de Marciano (49-0). Ahora tiene 47-0. Enfrente un Pacquiao, más flojo que hace unos años, pero que es una máquina veloz de tirar golpes. Pero de Mayweather dicen que todavía le gana a su sombra. Veremos.