El zorro, las gallinas y el ministro mudo

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

16 abr 2015 . Actualizado a las 16:58 h.

En julio de 1996, tres meses después de ser nombrado ministro de Economía, Rodrigo Rato estrenaba su brillante carrera con una frase para enmarcar: «Aquellos que hacemos el esfuerzo de contribuir como marcan las leyes al sostenimiento de los gastos del Estado, nos vemos seriamente perjudicados por el crecimiento del fraude». Manda huevos. Eso decía el pollo que, aupado a la presidencia de Bankia por sus correligionarios, tiraba de tarjeta black -cada gasto, un fraude- para degustar los huevos estrellados de Casa Lucio, regalar bolsos y perfumes caros, visitar antros de dudosa reputación o gastarse de una tacada 3.547 euros en bebidas alcohólicas. El exdirector gerente del FMI, que exigía moderación salarial al proletariado, necesitaba ese plus para completar la magra remuneración de 2,34 millones de euros que le pagaba el banco público.

Ahora sabemos que todo eso, nutriente de demagogos y tertulianos, solo era pecata minuta. Diminutas prebendas, incluso merecidas -si no fuese por el quíteme usted esos impuestos- por quien el difunto Emilio Botín definía como «el mejor ministro de la monarquía». De lo grueso, de cómo metía la mano en la caja, de sus tejemanejes con la banca Lazard, de la repentina transformación de 309 millones de beneficios en 3.000 millones de pérdidas o de la estafa a ingenuos inversores bursátiles, todavía no hay sentencia definitiva. Manda la presunción de inocencia, pero manda huevos.

Ahora sabemos que Aznar puso al zorro a cuidar de las gallinas y hasta pretendió convertirlo, por dos veces, en el capón del gallinero nacional. Milagro sería, y doctores tiene la Iglesia para dilucidar la cuestión, que muchas de las aves no fueran desplumadas por guardián tan peculiar.