Comunicando


No parece que en España se comparta el aserto de Churchill de que para hacer política de Estado hay que pensar en las próximas generaciones, no en las próximas elecciones. Esta semana, UPyD y el PP fueron noticia por el análisis de sus malos resultados en Andalucía y la preocupación por las municipales y autonómicas de mayo. En ambos casos, el fiasco se ha achacado a una mala comunicación política.

UPyD vive una descomposición acelerada luego de intentar ser alternativa para el voto sin ideología. Rosa Díez renegó de su pasado socialista y recurrió a personajes con proyección mediática atribuyéndose el peso político. En un patético análisis dijo que los medios los habían abandonado porque ahora apoyaban a Ciudadanos. La parte de verdad que puede tener esta afirmación es que el rechazo a la definición ideológica es la clave para los nuevos partidos que aspiran a sustituir a los tradicionales. Albert Rivera evidencia su ambición de ser una marca blanca, dulcificada y algo más social, de los poderes fácticos económicos y empresariales.

Por su parte, en los días previos a la reunión de la ejecutiva del PP del pasado lunes, parecía preocupar únicamente lo mal que habían manejado la comunicación -o la propaganda- y a ello achacaban la caída de votos en Andalucía. No asumieron que es imposible comunicar bien lo que se hace mal, algo elemental hasta para el alumnado de primero de periodismo. Ante esa convicción, amagaron con cobrarse la cabeza de la secretaria general, incapaz de explicar cosas tan elementales como si el partido tuvo contratado a un delincuente como tesorero o de contrarrestar los vídeos virales de un programa incumplido. Pero la reunión se saldó con la autoaplicación de la ley mordaza ante la inminente confección de las listas electorales. Solo Núñez Feijoo hizo una leve autocrítica (en Galicia falta un año para las autonómicas); Monago inventó el rap extremeño con las siglas escondidas y el soez alcalde de Valladolid, con las encuestas ratificando sus procacidades, llamó palmeros a sus correligionarios.

Lo anterior bien podría llevarnos a otra definición, más chusca, cínica y, desgraciadamente, real que dice que la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados. Cosas de Groucho.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
11 votos

Comunicando