La venta del propio cuerpo


Existen diversas formas de disponer del propio cuerpo (desde la prostitución a un tatuaje publicitario hasta una llamada caravana de mujeres, desde la venta de óvulos o esperma a ser una cobaya médica, desde los vientres de alquiler al tráfico de sangre o de órganos) en las que una sociedad decente debe evitar que la ganancia y el provecho corrompan otros valores. Que pongan en riesgo, singularmente, la dignidad, el respeto, el altruismo, la libertad o la equidad.

Esas, y otras muchas situaciones sociales, serían casos dónde no debe mandar el dinero. Todas ellas situaciones en las que vender nuestro cuerpo, literal o figuradamente, supone autodegradarse (aunque se haga con total consentimiento del vendedor).

Son casos en los que se vende algo que no puede estar en venta, un don o atributo que debiera usarse responsablemente al margen del dinero. Casos en los que se pone en serio peligro el respeto a nosotros mismos, situaciones en las que un incentivo económico o un precio pueden dañar los valores y las actitudes necesarias para ese respeto. Situaciones que corrompen el prestigio de la donación, de la entrega incondicionada.

En todas las citadas (y en no pocas actividades en las que se camufla esa autodegradación: publicitarias, desfiles de modas, servicios de atención personal, ?) en una sociedad decente las autoridades judiciales y la fiscalía debieran actuar de oficio para evitar que el dinero corrompa esos otros valores.

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La venta del propio cuerpo