Problemas de comunicación. Este es el diagnóstico que han hecho algunos dirigentes del PP para tratar de explicar el desastre electoral en Andalucía. Dicho de otro modo: nuestra gestión es magnífica, pero no hemos sabido explicarla. Demasiado simplón. Cierto es que Cospedal, Floriano o Hernando dejan mucho que desear como portavoces, pero el principal comunicador del relato popular, que básicamente es el de la recuperación económica, se llama Mariano Rajoy. El problema no es que no se comunique bien, sino que el relato no funciona, al menos no suficientemente para los intereses electorales del PP. Los datos del CIS son apabullantes: tres de cada cuatro ciudadanos consideran que la situación económica sigue siendo mala o muy mala y solo el 28 % creen que mejorará dentro de un año. La subida del PIB no se traduce, al menos de momento, en un aumento del bienestar para la mayoría. O así lo perciben muchos votantes. Se podría decir que en estas elecciones, no va a ser solo la economía, estúpidos, dando la vuelta a la célebre frase de Clinton. Al jugárselo todo a la carta de la recuperación, Rajoy ha desguarnecido el flanco político e ideológico. Aquí su relato es prácticamente inexistente. Por ahí se le ha colado Ciudadanos. Y no hay comunicación que valga para evitar los efectos desastrosos de los casos Gürtel, Bárcenas o de la caja B del PP, sobre todo si no se asumen responsabilidades políticas. Además, el hundimiento en Andalucía ha provocado una guerra en la cúpula del PP. ¿Cómo se explica esto a una ciudadanía harta de estas luchas intestinas y que castiga en las urnas la desunión en los partidos? No, no es solo un problema de comunicación.