No jures, Bono


Presenta el editor Carlos Revés el libro Diario de un ministro. El albaceteño José Bono nació en Salobre, en la provincia de la cuchillería. Se licenció en derecho por la Universidad de Deusto, regida por los jesuitas, los religiosos preferidos por Teresa de Ávila por su fantástica cultura y por su extrema obediencia a los superiores de raíz militar, pues no en vano Ignacio de Loyola, como buen soldado, llamó a su orden Compañía de Jesús.

Bono se curtió como abogado en el despacho de Enrique Tierno Galván y de Raúl Morodo, dirigentes del Partido Socialista Popular (PSP), en el que ingresó en 1969, un partido que diez años después se unió al PSOE. Bono, mientras militaba en el PSP, participaba también con bríos en movimientos cristianos progresistas (FECUM). Fue profesor de Ciencia Política en la Universidad Complutense y ejerció como abogado, una profesión auténticamente teresiana, que obliga a andar todo el día pasando de Dios al diablo. Para mí, que ahora mismo estoy abducido por la santa, el momento cumbre de la presentación fue cuando José Bono contó que, en la toma de posesión de su cargo como ministro de Defensa en el Gobierno de Rodríguez Zapatero, junto con 13 ministros más, él fue el único que prestó juramento, los demás ministros prometieron. Naturalmente, Bono juró entonces sobre la Biblia, en cuyas páginas reza: «No juréis en absoluto; ni por el cielo, que es el trono de Dios, ni por la tierra, que es el estrado de sus pies». Y, por cierto, también Cristo dijo (y está documentado): «No jures, Bono».

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