Comunicar es sencillo

Ernesto Sánchez Pombo
Ernesto Sánchez Pombo EL REINO DE LA LLUVIA

OPINIÓN

La comunicación es una ciencia tan exacta como las matemáticas. Sencillamente, se transmite información veraz; se comunica la realidad, lo acontecido, o lo que se dijo que se iba a hacer y se hizo. No tiene ningún mérito. Por eso, andar justificándose en que se comunica mal y que no se sabe comunicar es disculpa de mal pagador. Por ejemplo, y sin ánimo de señalar a nadie, que ya se sabe que hay gente muy picajosa, si se dice que se van a bajar los impuestos y luego se suben; que se va a defender la sanidad y la educación y se desbarata y que no se van a rescatar los bancos y se les da lo que piden y un poco más, pues no es mala comunicación; se falta a la verdad. Si se responde «cuánto llueve» cuando se pregunta por la doctrina Parot, tampoco es un problema de comunicación. Insisto, sin señalar; y si el juez dice que hubo financiación irregular y los interesados hablan de conjura y persecución, no hay mala comunicación. Hay ganas de hacer el ridículo. Cuando al repago sanitario se le llama racionalización; a los jóvenes emigrantes, movilidad exterior, a un cambalache, indemnización en diferido y a devaluar las pensiones se le dice sostenibilidad del sistema, no hay comunicación que valga. Primero ponen de moda las pantallas de plasma, se inventan las ruedas de prensa sin preguntas, huyen por las puertas traseras y luego se flagelan con mala comunicación y convocan grandes concilios para analizar qué pueden hacer que no hayan hecho. Es perder el tiempo porque comunicación no es decir que «todo es mentira, salvo algunas cosas que publica la prensa». Es afrontar la realidad con coraje y valentía para después no tener que lamentarse de que lo hacemos todo estupendamente pero no sabemos contarlo y por eso no nos entienden ni valoran nuestros logros. Ahora que, gracias a nosotros, la crisis es ya un mal recuerdo y vamos lanzados hacia la riqueza. Por eso tratar de esconder tras una política comunicativa errónea un comportamiento tan equivocado como caprichoso es seguir sin querer ver la realidad; ni aceptar que cuando las cosas se hacen mal no hay comunicación que valga. Se comunica bien lo que se hace bien, sin necesidad de adobar el mensaje. Y es imposible rentabilizar los enredos, tergiversaciones, soberbias y actitudes inexplicables. No lo hace ni el gran Arriola, el mismo que vaticinó que vamos por delante en las encuestas de Andalucía.

Mi admirado y respetado George W. Bush, aquel pupilo del profesor asociado de Georgetown que era un sabio en todo, entendía estupendamente la comunicación: «Yo no necesito explicar por qué digo las cosas. Yo no tengo la sensación de deberle una explicación a nadie, para eso soy presidente».

El modelo de Bush es el que aplicaron los que ahora dicen que les falló la comunicación. Es que lo que nos hicieron no lo comunican ni Gütemberg, Marconi y Westinghouse juntos.