¿Justicia? No, venganza


La catástrofe del vuelo de Germanwings ha conllevado también sobreactuación mediática, decisiones políticas que quedarán fijadas en los protocolos de sucesos y protagonismo de portavoces de asociaciones de víctimas de hechos similares.

Soy consciente de que la línea argumental de este artículo me adentra en terrenos pantanosos y que desde las redes sociales pueden construirme la pira, pero adentrémonos.

A las comprensibles reacciones de los familiares, amigos y conocidos de las víctimas, y la solidaridad de cualquier bien nacido (está siendo admirable el trato de los lugareños franceses, de los equipos de rescate y de sus autoridades, de las que tenemos que aprender mucho), se han añadido decisiones políticas infrecuentes de difícil marcha atrás. Me refiero a la suspensión de viajes de Estado, anulación de agendas de jefes de Estado, jefes de Gobierno, ministros, consejeros, presidentes de organismos administrativos y de otros poderes estatales; peregrinación de todos ellos al lugar del siniestro; días de luto oficial, funerales de Estado y declaraciones desde múltiples soportes de personajes públicos que quieren seguir siéndolo. Es lo que demanda la sociedad y exigen quienes dominan las redes sociales y las conforman a su antojo.

Acompañando a todo han debutado en los medios de comunicación presidentes, portavoces y miembros de asociaciones nacionales e internacionales de víctimas de sucesos que, en su legítimo deseo por hacerse oír y convencer, se han adentrado por el terreno resbaladizo de decir a los periodistas cómo tienen que hacer su trabajo y nos han traslucido su particular visión de la justicia. Estos representantes, cuya labor para elaborar normas de actuación en estos hechos es encomiable, nos han mostrado también una cara oculta, que no es la de pedir un juicio justo que dilucide responsabilidades y fije reparación material del daño causado, sino la de reclamar venganza. La débil línea que separa la justicia del desquite la ha traspasado alguno con sus palabras y demandas. Y la han traspasado porque un suceso estudiado e informado por comisiones de reconocidos expertos independientes en la materia tratada, y sentenciado por jueces profesionales, no es informe si no dice lo que ellos quieren, y no es justicia si no castiga como ellos exigen. La venganza, ese sentimiento de satisfacción que se toma del agravio o daño recibido, anida peligrosamente en sus conciencias.

Y como decía en estas páginas un sabio «medieval y aldeano» como Xosé Luís Barreiro, la tragedia de una muerte humana es la misma e igual de inabarcable, aunque ahora la midamos más por kilos de carne muerta. Es verdad que en esta sociedad ni sabemos morir ni aceptamos la muerte.

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