Parecidos razonables


Hay un país en la UE, miembro de la sacrosanta eurozona, donde sus manirrotos gobernantes se han fundido ya más de 4.000 millones de euros (el doble de lo presupuestado) en el nuevo y aparatoso aeropuerto de la capital, una obra que no consiguen rematar y que tenía que haberse inaugurado hace tres años. Cuentan que sus ocultistas líderes han exigido (y logrado) dejar al margen de las pruebas de estrés de la banca a sus perforadas cajas de ahorros regionales. Incluso se han pulido otros 1.300 millones de euros en la nueva sede de sus servicios secretos. Aún sin estrenar, el centro de inteligencia se ha inundado hasta las cejas porque unos rateros de medio pelo entraron en el ultravigilado templo del espionaje y se llevaron los grifos, pero dejaron el chorro.

¿Qué país de vagos y maleantes sureños toleraría semejante despendole? ¿Qué clase de pulgosos PIGS están afanando fontanería por encima de sus posibilidades? ¿La remolona Italia? ¿La sesteante España? ¿La jaranera Irlanda? ¿El indolente Portugal? ¿La derrochona Grecia? Qué va.

Los grifos se los han birlado en su mismísima jeta a Merkel, martillo de herejes (sobre todo si los herejes son ortodoxos o católicos). El aeropuerto sin desenvolver, nuevo del trinque, está en Berlín. Y las cajas horadadas hasta el tuétano tiene sus socavones domiciliados en los Länder del inflexible vigilante Schäuble.

Igual resulta que, más allá de clichés, propagandas, sambenitos e inquisiciones, los adustos nórdicos y los despilfarradores sudistas somos todos mucho más iguales de lo que sospechamos o nos cuentan. Afortunadamente.

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