07 mar 2015 . Actualizado a las 05:00 h.
Baja el telón Martinsa (quizá no sea el último gigante en desplomarse) justo cuando el país empieza a tomar aire. Tiene mucho de símbolo. Pone el punto y final a la consentida borrachera del ladrillazo, en el que se manejaban cifras de crédito de escándalo y era más provechoso meterse a especulador que a médico (que es lo que un padre siempre pide para su hijo). Baja el telón Martinsa, pero deja por delante un escenario trágico: un interminable reguero de acreedores (pequeños proveedores, hombres de fortuna, clubes de fútbol y hasta oenegés, que ser constructor no obvia ser un hombre solidario), con un nada despreciable roto (900 millones) a las arcas públicas. Un agujero a los contribuyentes que no participamos de esta fiesta.