Saul Dreier y Reuwen Sosnowicz viven cerca de Boca Ratón, en Florida. Se marcharon a Estados Unidos hace muchos años, cuando acabó la Segunda Guerra Mundial. Nacieron en Polonia, pero fueron escupidos por la Europa más oscura y tuvieron que reiventarse y envejecer en América. Ahora tienen 89 y 85 años. Víctimas de la gran historia, continúan escribiendo su pequeño relato. The New York Times da cuenta de su última aventura. El pasado verano, Dreier se unió a Sosnowicz para crear un grupo de música polaca. El primero pasó por tres campos de concentración. Cantó entre los barracones antes de trabajar en la construcción en Nueva Jersey. Toca el tambor. El segundo vivió escondido en una granja durante gran parte de la guerra y, antes de cruzar el Atlántico, estuvo en un campamento de refugiados. Toca el acordeón. Se bautizaron como La banda del superviviente del holocausto. Han llegado a actuar en Las Vegas. A pesar de todo lo vivido, han decidido seguir con la melodía. Como los músicos del Titanic. Solo que Dreier y Sosnowicz ya han visto cómo se hundía el barco.
La prensa estadounidense también recoge estos días otra crónica muy distinta. La de los asesinatos de un matrimonio musulmán y una hermana de la esposa en Chapel Hill, Carolina del Norte. Craig Stephen Hicks, un vecino de 46 años, se entregó y confesó haber disparado a los tres. Parecía un posible caso de islamofobia. Un ataque de hiena ante fiebre de los lobos solitarios. Pero la esposa de Hicks sostiene que el móvil del crimen es una disputa por una plaza de garaje. Por lo visto, valía tres vidas. Unos sobreviven a una naufragio monstruoso y otros mueren por un soplo de locura.