Información o espectáculo

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Hay algo terrible en la película Nightcrawler, que algunos emparentan con Taxi Driver, por lo del cazador solitario, y otros ligan con más acierto con la voracidad del supuesto periodismo como espectáculo de Network (traducida aquí como Un mundo implacable). Están esos ojos cansados, casi que se arrastran, del protagonista, un Jack Gyllenhaal que vuelve a estar intenso como en Brokeback Mountain o Zodiac. Esos ojos que prenden en llamas cuando descubren el lucrativo y adictivo negocio de grabar accidentes, tiroteos, muertos, en lo peor de la noche, y vendérselo a una ejecutiva de televisión, también sin escrúpulos, que piensa que, efectivamente, la información solo se ejecuta, no se trabaja. Lo más venenoso del oficio del periodismo, cruzado con la crisis, se convierte en una granada de mano para los que todavía creemos que el rigor y la compasión son los dos elementos básicos de esa aleación mágica que es la información bien hecha. Pero volvamos a la película, a esos dos cazadores que ven cómo el dinero hace crecer el apetito, el dinero y el morbo por el morbo, los apetitos más crudos del ser humano. El cine cínico sirviendo en bandeja cadáveres, todo por la audiencia. Retorcida y, a veces, en el filo de la credibilidad, la película es todo un golpe a la sed infernal que lleva a poner una cámara en un cubo de basura. La noche es un océano oscuro, turbio.