La boca abierta

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Hay datos que te dejan la boca abierta. Pero de forma muy distinta a como la tienen los dramáticos protagonistas de estos números. Martín Caparrós los ha recopilado y les ha dado vida y sentimiento en El hambre, un ensayo que no puede dejar indiferente a nadie. El hambre, como todas las experiencias radicales de la vida, solo lo entienden quienes de verdad han pasado por el drama de no poder llevarse nada a la boca. O, como cuenta unos de los testimonios brutales del libro, quien se tiene que comer una pequeña piedra que echa al agua para que, por lo menos, tenga algún sabor. Pero dejemos que se expresen los números, algunos números. Una persona muere de hambre o desnutrición cada cuatro segundos. Uno, dos, tres, cuatro... otro muerto. 17 personas, al minuto. Traducción simultánea: 1.530 muertos durante los noventa minutos que dura un partido de fútbol, sin descuentos. Pero el hambre, encima, no conoce fronteras. No es solo un problema del tercer o del cuarto mundo, que también. Estados Unidos tiene 50 millones de pobres. En Chicago a los comedores para las personas sin hogar acuden 700.000 personas. Según Martín Caparrós, agárrense, 30.000 millones de dólares al año servirían para acabar con el hambre en el mundo: menos de lo que se gastan en Estados Unidos en tratamientos para adelgazar. En ese país hay noventa millones de obesos. En el mundo están censadas 250.000 villas miseria, en las que se cree que malviven 1.200 millones de personas. ¿Sigo tirando del hilo trabajado de Martín Caparrós? ¿A que se han quedado con la boca abierta? ¿Pero saben cuál es la diferencia? Usted y yo la tenemos abierta de pasmo por leer estas cifras, pero, al cerrarla, hoy vamos a comer.