¿Mejoramos o empeoramos? La pregunta que estos días nos traslada la prensa viene a colación de la tasa de riesgo de pobreza en España, que ha actualizado la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y Exclusión Social en el Estado español (EAPN). Si atendemos a estas cifras, Galicia continúa anclada a medio camino entre la Comunidad de Navarra, que es la que menor tasa de riesgo presenta, con un 14 %, y la media española del 27,3 %. También en este informe comprobamos que, respecto al 2009, hemos reducido tres décimas este porcentaje, situándonos en el 24,3 %. Lo cotidiano en lo que se han convertido este tipo de cifras a veces oculta el verdadero dramatismo que hay detrás de ellas: una de cada cuatro personas vive angustiada por la presión económica. ¿Cómo se llega a esta situación?
Esta tasa engloba a personas en situación de pobreza, es decir, que cobran menos de 670 euros al mes, y las que padecen privación severa de productos de consumo básico, como no poder comer un plato de carne o pescado cada dos días ni mantener una temperatura adecuada en el hogar, no disponer de lavadora, ni poder afrontar gastos imprevistos. El 38 % de todas las personas que acuden a las asambleas de Cruz Roja desplegadas en la provincia de A Coruña lo hace para demandar ayudas para el día a día. En el 2014 entregamos alimentos a 714 familias, además de 2.300 kits de higiene y alimentación infantil. También este año hemos asumido el pago de facturas de luz y agua de 200 familias y hemos entregado material de primera necesidad, como cunas o carritos de bebé, camas o lavadoras, a 1.600 personas, objetos que han sido donados por ciudadanos de a pie.
Pero, con diferencia, la petición que se repite con más frecuencia es la de empleo, y este es el tercer factor que recoge la tasa de riesgo de pobreza. El 14 % de nuestros vecinos, 276.000 en la comunidad gallega, sufre baja intensidad de trabajo. No todos los trabajos protegen de la pobreza. Si bien se ha notado movimiento en el mercado laboral, a menudo las condiciones son precarias, con contratos temporales, medias jornadas, sueldos bajos? Nada parecido a la estabilidad.
En Cruz Roja trabajamos a través de itinerarios integrales: resolvemos lo inmediato con ayudas mientras mejoramos las habilidades personales y profesionales de las personas a través de nuestro plan de empleo, que ya ha conseguido que el 56 % de los participantes acceda a un puesto de trabajo. Estos proyectos se complementan con orientación social, apoyo socioeducativo para la infancia y talleres específicos para prevenir otros problemas vinculados con su delicada situación.
Este último año las demandas de ayuda, lejos de disminuir, han crecido en un 20 %. Entonces, ¿mejoramos o empeoramos? Aunque hay indicios de ciertas mejoras, las necesidades de las personas que peor lo están pasando siguen en aumento. Ellos tardarán tiempo en ver cambios en sus vidas, pues condiciones tan deterioradas requieren mucho más que un empleo para recuperar la estabilidad. El trabajo se debe abordar desde diversos frentes, buscando soluciones a largo plazo y apoyando a las personas en sus necesidades básicas mientras realizan este recorrido. Proporcionar ayudas sin objetivos solo crea dependencia y asistencialismo, de los que debemos huir si queremos lograr una inclusión sostenible.