Salvar a Pedro Sánchez


La posición era casi unánime en el PSOE del 2014. Había que designar un nuevo secretario general mediante unas elecciones primarias en el partido. A Rubalcaba no le entusiasmaba lo de las primarias, pero ¿quién se podía oponer a tan rutilante impulso democrático? Ni siquiera las fallidas experiencias anteriores valían para frenar la ola. La pasión por la democracia desde la base lo arrollaba todo. Y así llegamos a la elección democrática de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE. Un líder simplemente inesperado, quizá secundario, pero que tenía una buena imagen y una buena formación.

No había de qué quejarse, aunque pronto algunos empezaron a decir en voz baja que eso de las primarias deparaba demasiadas sorpresas que no siempre eran buenas. ¿No les gustaba Pedro Sánchez? Sí, les gustaba, pero decían que le faltaba experiencia en la primera línea y que había que formarlo. Lo malo -se vio pronto- era que Sánchez traía sus propias ideas y no venía dispuesto a hacer ningún cursillo. Y lo peor de todo: no llegaba pidiendo consejos a los más veteranos ni jaleando los éxitos pasados. Quizá porque creía que esta era la forma de preservarse de influencias o controles ajenos.

Empezaron entonces los runrunes y las reuniones a sus espaldas. Y muy pronto algunos vieron un excelente caldo de cultivo para el desarrollo de conspiraciones que pudieran mejorar sus expectativas. En esta rueda fueron entrando felipistas desencantados y zapateristas de ambición bien acreditada, como Carme Chacón, por citar un caso. Todos ellos, juntos o por separado, se dedicaron a minar el liderazgo aún no consolidado de Sánchez. Cegados por el relumbrón de una nueva oportunidad, se olvidaron de trabajar para el nuevo líder y empezaron a perseguir sus propios intereses.

Pero el tiempo ha ido pasando y en el horizonte ya asoman citas electorales muy reñidas. ¿Qué hacer ahora?, se preguntan. Una vez más ha sido Felipe González quien, tomando el pulso de la situación, advirtió de las funestas consecuencias de seguir fomentando la imagen de desunión. Y dejó ver que salvar a Pedro Sánchez puede ser el modo de salvar al PSOE en su deriva minimalista. Porque Podemos aún es una incógnita, pero, de seguir así, esta incógnita podría despejarse en detrimento del PSOE.

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