Tres graves problemas de la troika


El Fondo Monetario Internacional (FMI), la Comisión Europea y el Banco Central Europeo (BCE) configuran la denominada troika que ha negociado los rescates financieros de Grecia, Irlanda, Portugal y España. En sus tres patas la troika supone una anomalía institucional, al menos cuando se trata de abordar problemas internos en un área monetaria y económica como es la eurozona.

Por más que el Gobierno alemán se haya empeñado en ello desde el inicio de la crisis la presencia del FMI en estos casos es anómala. Y no me refiero a que sus tres últimos máximos responsables tengan problemas con los tribunales, ni a que las grandes potencias emergentes (China, Brasil, India, Rusia,?) consideren al FMI una institución obsoleta y poco representativa.

Me refiero a que sería impensable que ante un problema financiero de dos Estados como California o Baviera se permitiera -por Estados Unidos o Alemania- que interviniese el FMI. Al permitirlo y propiciarlo Alemania ha querido dejar claro desde el principio que no se trata de rescatar a «uno de los nuestros», sino a un socio que nos puede dar problemas.

La Comisión Europea como interlocutor democrático para un asunto interno de la eurozona presenta otro problema no menos sustantivo: que es una institución de Gobierno de los 28 Estados de la Unión Europea, pero no de los 18 de la eurozona. Ámbitos muy distintos. Lo más sensato sería que de estos asuntos se encargase el Eurogrupo (ministros de Economía de la eurozona) pero este es un órgano informal y de naturaleza jurídica muy discutible, a diferencia del Ecofin (ministros de Economía de la UE).

El Banco Central Europeo podría parecer impecable para abordar un problema financiero interno de la eurozona. Pero su mandato está limitado a la estabilidad de precios y no a combatir una depresión económica. Además su Consejo de Gobierno tiene una estructura escasamente federal (menos de un tercio de sus votos son ajenos a la lógica de los bancos centrales de los Estados). Y en vez de progresar en una lógica federal (así en el Bundesbank o en la Reserva Federal de los Estados Unidos los votos federales se sitúan en torno a la mitad) en el gobierno de los mecanismos de rescate diseñados para la eurozona se otorgan casi la mitad de los votos a dos Estados: Alemania y Francia.

En resumen, que las crisis financieras dentro de la eurozona las ha tenido que negociar cada país (los llamados memorandos de entendimiento) con el FMI como si aún mantuviesen una moneda propia y un banco central soberano, con una Comisión Europea donde tienen voz y voto diez países que no forman parte de la moneda común y con un BCE que ni es federal ni estaba pensado para estas cosas. Y así nos va. ¿Hay alternativas? Hace meses resumía en esta columna un documento suscrito, entre otros, por el muy renombrado economista T. Piketty titulado Por una unión política del euro. Merece la pena leerlo. Es muy breve. Mientras no se avance en esa dirección el Gobierno griego tiene toda la razón: la troika nació moribunda.

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