Del tamaño de su David

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Hay artistas que superan su leyenda. Miguel Ángel es uno de ellos. Ahora un libro de Martin Gayford esculpe un monumental retrato del hombre y del artista que creó La piedad. Aborda el talento y el talante de este creador universal. Su temperamento de tormenta. Su vida contra casi todos. Sus manías. Sus obsesiones. Sus peleas con los Papas. Su búsqueda incesante del conflicto por el conflicto. Miguel Ángel fue uno de los que más contribuyó al brillo del Renacimiento, pero muchas veces desde la insatisfacción de un carácter complejo. La oscuridad que da luz. Fue famoso desde muy pronto.

Y tuvo una larga vida para su tiempo. Murió un 18 de febrero a los 89 años. El libro está lleno de pinceladas que tratan de iluminar pasajes difíciles. Su reprimida homosexualidad, la envidia por Rafael, las disputas con Leonardo. De Rafael decía que le copiaba. Como buen representante del período que vivió era un artista completo: pintaba, esculpía, escribió una amplía correspondencia, firmó poemas...

Cada minuto de Miguel Ángel fue agitado. La calma no estaba en su diccionario. Gayford lo aclara bien. Le debemos el Moisés, pero era un hombre que vivía en una angustia permanente. Ansioso, melancólico, de Florencia y de Roma. Tacaño, murió dejando un cofre cerrado con una fortuna dentro. Todo le estorbaba, salvo medirse al límite con sus obras. El trabajo era su único motor. A pesar de sus disputas, o por ellas, Miguel Ángel es una leyenda que nunca pasará. Del tamaño de su David.