El sistema dice que en este 2015 comenzaremos a sonreír. Así de gentil y generoso es nuestro sistema. Anuncia que el crecimiento y el empleo ya están aquí para quedarse, reforzados y bendecidos por quien corresponda, para goce y disfrute de todos. El sistema insiste en que combatir el desempleo, la pobreza, la desigualdad, el sufrimiento y la resignación fue siempre su primer objetivo. Quizás sean mareos acumulados, pero esto suele suceder a los gobiernos que ya están de caspa caída. Por eso reiteran e insisten en que los brotes verdes de la macroeconomía germinarán pronto en los humildes hogares de los gallegos. Y que así habrá un tiempo nuevo, esplendoroso, triunfal. ¡Viva el vino y el 2015!
Pero sabemos también que los efluvios electorales suelen generar delirios y perversiones. Y que desde las alturas se ve al ciudadano votante y contribuyente como una mercancía pequeña y manipulable si se alteran los impuestos. Los cambios en el IRPF, Impuesto de Sociedades, IVA e Impuestos Especiales, van en esa dirección. Por eso la política actual no es creíble si ignora otras cosas que resumiremos a continuación.
Porque el Gobierno silencia el endeudamiento de España. No menciona la deuda privada (3,31 billones de euros), ni la deuda pública (1,08 billones), ni la deuda total (4,4 billones), ni cómo afrontar la situación de todas estas cifras registradas ya en el 2013. Porque si un país debe una cantidad 4,2 veces mayor que la renta bruta generada en su PIB anual, es un país que ya está o roza la insolvencia. Porque el Gobierno silencia la economía sumergida (250.000 millones de euros al año), el fraude fiscal derivado (90.000 millones de euros anuales) y que las rentas del trabajo aportan el 92 % de los ingresos totales del IRPF.
El tercer enredo afecta a la situación de Cataluña. Si la financiación autonómica del País Vasco y Navarra infringe el artículo 138.2 de la Constitución y ello molesta al resto de comunidades, incluida Cataluña, la pregunta es clara: ¿qué hicieron y hacen los Gobiernos de España para resolver a situación? Porque el silencio y la inacción siempre agravan el problema. Finalmente, estarían los conflictos asociados a la desregulación laboral y al modelo productivo diseñado a su sombra.
Estos son problemas reales que no se mencionan, pero que marcan el presente y el futuro. En ellos se incuba el desempleo, la desigualdad, la pobreza y la quiebra del Estado social. Por eso caminamos hacia una convivencia injusta, ineficiente y arriesgada que desmiente la felicidad teórica del sistema, vacía al discurso triunfal del gobernante e incluso genera insensibilidad y torpeza en ciertas personas que también sufrirán sus consecuencias.