Libia y el terror


El país que dejó Gadafi hace tres años se ha constituido en un caos político, social y económico, con repercusiones estratégicas muy importantes, especialmente para el sur de Europa, por su proximidad (350 kilómetros) en el Mediterráneo. Es un caos político por las luchas civiles que se entablan entre los distintos grupos que lucharon para derribar el régimen de Gadafi y que se han atrincherado con las armas de la revolución. Cada uno de estros grupos se ha apoderado de una región: Tripolitania al oeste, lindando con Túnez; o Cirenaica al este, lindando con Egipto. Es un caos económico por las enormes reservas de gas y petróleo que exportan y las riquezas que se generan. Es un caos social porque la gente está desprovista de toda clase de seguridad, que tenía antes con el régimen de Gadafi, que ahora muchos echan de menos.

Pero lo mas importante es la extensión yihadista que se ha producido por el norte y por el sur, zonas ocupados por los insurgentes del califato y de Al Qaida. Se comprende que en medio de este caos, con un enorme territorio y con una revolución sin terminar, los yihadistas de uno y otro signo quieran afincarse para tomar parte del botín y establecerse en una base desde la que se puedan lanzar acciones al exterior próximo (Egipto o Túnez) o bien a países europeos (España, Francia e Italia). Así se comprende que hace dos meses unos 800 yihadistas ocuparan el puerto de Derna, con una población de 100.000 habitantes, que dominan completamente. Por eso no debe extrañar que EE. UU. esté desplegando infantes de marina en Morón (Sevilla).

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