Dutton Peabody

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa FARRAPOS DE GAITA

OPINIÓN

11 ene 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

En esa leyenda del cine titulada El hombre que mató a Liberty Valance, John Ford traza una de las estampas más certeras y sutiles sobre la inevitable colisión entre los malhechores y los incómodos periodistas, empeñados siempre, como sostenía el gran Celso Collazo, en confortar al afligido y afligir al confortado.

Cuando Dutton Peabody, fundador, editor, director y redactor del Shinbone Star, publica una contundente portada (errata incluida) en la que anuncia a cinco columnas la derrota final de Liberty Valance, ya sospechamos que no va a ser precisamente el alcohol el que acabe con su tambaleante existencia. El reportero regresa a su despacho, después de la obligatoria parada para hidratarse en el saloon, y el quinqué revela que no está solo en la redacción del Shinbone Star. Le esperan entre las sombras Valance, con el titular en una mano y el látigo de empuñadura de plata en la otra, y dos de sus secuaces.

Peabody no se arruga. Por sus venas corre el whisky -la sangre de los cobardes, decía Bukowski- y el Enrique V de Shakespeare, así que desenfunda primero:

-¿A quién tenemos aquí? ¡A Liberty Valance tomándose libertades con la libertad de prensa!

Por supuesto, los cuatreros vapulean a Peabody (al que hacen tragarse literalmente sus palabras) y arrasan furiosos el local.

Ya sé que estas cosas solo pasan en las películas del Oeste o de la Segunda Guerra Mundial -el único escenario donde ganan los buenos-, pero me gusta recordar que muchos años después, cuando el senador Ransom Stoddard vuelve al pueblo, el Shinbone Star sigue allí. A pesar de todos los Liberty Valance.