Leer no está de moda

Ramón Pernas
Ramón Pernas NORDÉS

OPINIÓN

Quizás no lo ha estado nunca en este país, que arrastra fama de escasamente ilustrado. Jóvenes profesionales que hasta hace poco tiempo elogiaban «el valor social del libro» en sobremesas y cenas de amigos, se han pasado al bando que denuesta la lectura.

Los videojuegos adrenalínicos guardados en cedés, los juegos de guerras y batallas han sustituido a los libros. Los miles de runners que corren por los parques de pueblos y ciudades, los competitivos adoradores del cuerpo a quien rinden culto, han desertado de la literatura.

Solo unos millares de letraheridos, enfermos crónicos, guardianes del santo grial de las letras seguimos manteniendo, erre que erre, las historias contadas negro sobre blanco.

El reciente informe del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) es desolador. Sostiene que al menos un tercio de los españoles afirman que no leen libros nunca. Quienes estamos en el mundo del libros sabemos de la generosidad y benevolencia de estos datos. Acaso estén más cerca aquellas encuestas profesionales, sectoriales que atestiguan que quienes no leen nunca en España son más de la mitad de la población.

«¿De qué me sirve leer?», me contestó un muchacho tras mi insistencia en que los libros encierran respuestas decisivas para caminar por los senderos de la tolerancia y la libertad. Acudí a una batería de respuestas que a todas luces resultaron estériles para convencer a mi interlocutor.

La cultura escrita ha llegado a su momento más banal. Estas Navidades, entre los libros más vendidos en el universo joven figura una «biografía definitiva» de un grupo musical formado por rapaces de ¡dieciséis años! y otro de los bestsellers es un conjunto de recetas/pensamientos condensados en el modo Twitter con un máximo de ciento cuarenta caracteres. En este caso no es estilo, sino incompetencia.

En las series televisivas, en las escenas de interiores de películas españolas no hay un solo libro en las estanterías de las casas que aparecen en pantalla.

Leer es una receta antigua, un ejercicio de viejunos o pirados. ¿Quién va a leer un texto escrito hace cuatro siglos como el Quijote, y no te digo un ensayo de Aristóteles escrito en los albores de nuestra civilización? Argumentario escuchado a un directivo español de unos cuarenta años. Evidentemente no le respondí, porque él sabe que leer es un ejercicio intelectual, que implica un altísimo nivel de concentración, el desarrollo comprensivo mínimo para que se reproduzcan automáticamente las neuronas y una apuesta decidida por la independencia crítica.

No leer es desmovilizador, gregario, rayano con la estupidez que supone ver el mundo en un solo paisaje. Todo está en los libros, también la felicidad, pero en este viejo país leer ya no está de moda.