Asesinados

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

El asesinato de los periodistas de Charlie Hebdo lleva, entre otros, a los asesinatos de los abogados de Atocha. O a los persistentes asesinos de ETA, pretenciosos redentores de un pueblo. Intolerantes que pretenden defender sus intereses matando. Unos por burda religión y otros por burda ideología. Ambos con pretensión de redención de seres humanos que nunca quisieron ser redimidos.

Obligados a vivir con temor a tantos fundamentalismos con los que se ven obligados a convivir como parte de la civilización del mundo occidental expandido. Y son estos fundamentalismos, el cristiano, el judío y el islámico, quienes en un mundo de intereses y hegemonías entrecruzadas determinan las líneas actuales de choque contra el laicismo y de choque entre religiones.

Los fundamentalismos responden a la necesidad de personas que desean mantener su religión y una fe que les permita protegerse de su pánico frente al mundo moderno, laico y abierto, pero para ello han renunciado a muchos de los valores de sus religiones de origen, entre ellos la tolerancia y la caridad, y han desarrollado teologías de resentimiento y venganza, llegando minorías expansivas como el Estado Islámico o la Yihad sobre todo, pero también organizaciones cristianas y judías, a justificar el asesinato de los otros, con maldad y violencia. Como una respuesta a sus miedos.

Añádase a ello un mundo de intereses económicos y geoestratégicos, las secuelas de descolonizaciones recientes y el poder derivado de los recursos del petróleo, junto con la necesidad de las grandes migraciones a un primer mundo que no los integra, y quizá comprendamos esa dinámica perversa, que lleva a una confrontación de religiones o de civilizaciones.

Por ello, en un mundo donde los fundamentalismos, con su inevitable compañía de fanatismo, intervienen en el devenir de nuestras sociedades, intervenciones como la del papa Francisco en su visita a Turquía, haciendo un llamamiento al mundo islámico para que condene el terrorismo: «Sería bueno que todos los líderes musulmanes, sean líderes políticos, religiosos, digan claramente que condenan esos actos terroristas porque esto ayudaría a la mayoría del pueblo musulmán a decir ?no? al terrorismo», al tiempo que asume una posición crítica con los fundamentalistas cristianos, se convierten en un elemento sustantivo para desactivar el fanatismo religioso.

Porque no habrá paz en el mundo sin que haya paz entre las religiones. Si algo ha cambiado entre la posición de los últimos papas -de tendencia fundamentalista- y la del papa Francisco, es que la compresión del ser humano como ser inviolable, en su derecho a vivir y a vivir con dignidad, es universal, sea laico, musulmán, cristiano o judío, o pertenezca a un mundo politeísta.

Y solo desde esa inviolabilidad, del no matarás contundente, podremos convivir. Sin necesidad de creer en la eternidad. Solo en la libertad. Con la poderosa fuerza del desaliento.