¿Existirá en España la realidad en el 2015?

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

La pregunta que encabeza esta columna es procedente por una razón poderosísima: porque durante el 2014 la realidad en España sencillamente no ha existido.

Así ha podido verse en el proceso secesionista catalán, un inútil y demencial gasto de energías para el conjunto del país, que se ha basado en la negación por parte de los nacionalistas de una evidencia apabullante: que el Estado español es uno de los más antiguos del mundo, como lo es la propia España en tanto que realidad política, cultural, lingüística y social. Tan es así que si aceptásemos que la nación española en su integridad no existe como tal, habría que concluir forzosamente en un dislate: que ninguna otra existe en el planeta.

Salvadas las distancias, igual ha acontecido con la evolución de la economía: que el hecho obvio de que, pese a la gravísima situación que atravesamos, aquella ha empezado a mejorar (algo reconocido fuera de España de forma general, afirmado por todos los organismos económicos y sostenido en numerosos datos objetivos que indican no solo la evolución positiva de la mayoría de las variables macroeconómicas sino también su lenta pero ya innegable traducción en datos micro) ha sido negada o despreciada por los sindicatos y la oposición en pleno. Que unos y otra critiquen al Gobierno por su acción es tan natural como legítimo, pero que lo hagan negando la realidad conduce a algo terrible: que la crisis será tan larga como a ellos políticamente les convenga. Ayer pudimos verlo de nuevo, y de un modo escandaloso, cuando valoraron la evolución del paro y el empleo en el año que acabamos de dejar.

La realidad tampoco ha existido en un campo tan esencial como el de la lucha ideológica. Un analista objetivo afirmaría que el PP es un partido ubicado en el centro-derecha, el PSOE en la izquierda, IU en la izquierda radical y Podemos en el populismo izquierdista. Sin embargo, según el discurso de los partidos, el PP estaría, para la oposición, en la extrema derecha; el PSOE, para el PP, en la extrema izquierda; el PP, el PSOE e IU serían, para Podemos, pura casta; y Podemos una fuerza antisistema, para un PSOE que, pese a ello, proyecta pactar con los de Iglesias en municipios y comunidades tras los próximos comicios.

Queda, en fin, el espinoso asunto de la corrupción, sobre cuya envergadura y grado de transversalidad no hay consenso alguno: todos los partidos proclaman que es gravísima la corrupción que afecta a los demás y mera anécdota la que toca a quien está en las propias filas.

Si en el 2015 todo sigue igual, y existen al respecto pocos motivos de optimismo, será aun más difícil acabar de salir del agujero de las crisis económica y política. Pues no hay problema que pueda resolverse si el único campo de acuerdo entre los partidos es que no están de acuerdo en nada.