Las cuatro lenguas del Rey


Felipe VI se ha ganado a una parte importante de la audiencia en su primer discurso de Navidad. En primer lugar, ha sido un discurso bien pensado -que es lo más importante- y, en segundo lugar, la oratoria del Rey tiene un nivel excelente: modula la voz y gesticula como un orador de corte moderno.

No trata de descerrajar la puerta del cielo a gritos como hacían los oradores decimonónicos que en España perduraron hasta que Francisco Franco pasó a mejor vida, suponiendo que haya ido al cielo y no al infierno, según creen algunos mandos de Izquierda Unida.

Y, por cierto, a Izquierda Unida no le ha gustado el discurso del Rey. Tampoco a Luis García Montero, tan afín a Izquierda Unida, le ha gustado nada el discurso del Rey, al que le ha dedicado un artículo virulento titulado Naderías.

El Rey ha hablado con firmeza de la crisis económica, de la corrupción y de Cataluña, esa autonomía tan querida como mal dirigida por unos políticos a los que el Estado, durante 30 años largos, no ha sabido poner los límites que necesitaban para no enloquecer como los niños díscolos.

Pero donde, una vez más, ha acertado el Rey -ya acertó también en el discurso de su proclamación como monarca- ha sido en su felicitación a la audiencia en las cuatro lenguas oficiales de España.

La felicitación en castellano, catalán, euskera y gallego -citados por orden alfabético para que no se encrespe nadie- muestra un camino de actuación lingüística al que, por desgracia, no son muy aficionados los medios de comunicación.

No obstante, sí es verdad que en los telediarios de TVE-1 se incorporan, por ejemplo, algunas declaraciones de políticos catalanes en catalán traducidas en subtítulos.

También hay que decir que, recientemente, TVE-1 emitió negligentemente unas declaraciones de Artur Mas en catalán sin incorporar los rótulos con los textos traducidos.

Es un error grave. Incorporar a los telediarios textos -insisto, traducidos- en otras lenguas nos saca a todos del pueblo, e independientemente de que esos pueblos se llamen Fonsagrada, Lekeitio, Bargota, Madrid -donde, por cierto, se hablan ya casi 200 lenguas- o Barcelona, donde la sectaria Generalitat considera que la única lengua existente en su comunidad es el catalán.

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