No es la mejor manera de afrontar un año crucial, como será el 2015 en el que muchas cosas van a cambiar, por poco que la realidad se parezca a la que van dibujando las sucesivas encuestas. Pero uno tiene que reconocer que se encuentra en el grupo de los menos lúcidos, esos que, cuanta más seguridad derrochan los líderes, más dudas tienen.
Así, cuanto más seguro aparece Rajoy con sus estadísticas del todo va bien, más se pregunta uno cómo le irá a los del salario mínimo del + 0,5 %, a los de las pensiones del + 0,25 o a los parados, desahuciados y demás excluidos.
Cuanto más decidido se ve a Pedro Sánchez a subirse adonde sea y a hacer lo que sea para salir en la tele a decir no se sabe muy bien qué, mas echa uno de menos un mensaje consistente y claro, al tiempo que sereno, sin afirmaciones que deban ser rectificadas a la media hora de pronunciadas.
Cuanto más sube en las encuestas el cohete de Podemos, más se empeña uno en buscar un programa concreto que vaya más a allá de decir que es necesario iniciar grandes debates sobre casi todo y abrir un candado constitucional -que uno ni se había enterado de que estuviese cerrado- sin decir con qué hilo y aguja cuentan para reeditar el criticado consenso del 78.
Cuanto más se enmaraña el debate y las siglas en el nacionalismo gallego, menos entendemos los cortos de luces como es posible tanto tejer y destejer de siglas y proyectos cuando tienen faros de luz potente en la gestión de municipios que gobiernan con amplio respaldo popular.
Por eso, le pediremos al año nuevo, a los Reyes Magos o a quien haga falta, un poco más de luces para parecernos algo a los que tienen todo tan claro.