Sardinas y Gobiernos: ¿volverían?


Hay noticias que disparan la memoria. Tal sucedió con una moción del grupo parlamentario popular la semana pasada, por la que se requería a la Xunta a elaborar un estudio socioeconómico que permita conocer la importancia de la captura de sardina por parte de la flota gallega.

Y es difícil ante ello evitar que se desate la perplejidad. Tanto porque el grupo parlamentario que sustenta al Gobierno tenga que instarlo a elaborar un estudio (sic), como por el propio objeto del estudio: conocer la importancia de la captura de la sardina. Sorprendente cuando menos que tal suceda en diciembre del 2014.

Al tiempo, entra en juego la memoria, y uno no puede sino recordar a Cornide, pero también a Maristany, o quizás a Andreu y Anadón o, más recientes, a González Laxe, López Veiga, Porteiro, o Carrera. Todos ellos estudiosos de la sardina desde hace más de dos siglos.

Pero quizá el grupo popular quiera un estudio integral, como aquel trabajo seminal de 1970 realizado por el Grupo GAUR -otra vez Mondragón- sobre la pesca de superficie en Vizcaya y Guipúzcoa. Trabajo al que tanto debe la economía, los economistas y el análisis estructural de la pesca por lo que tuvo de inspirador, por su aporte metodológico, lo exhaustivo de sus datos y de su trabajo de campo, lo amplio de su temática, desde la pesca española a la empresa y la comercialización, y que los mismos anónimos autores, GAUR, consideran continuación de otro trabajo de 1925 de la Asamblea de Pesca Marítima Vasca.

Sorprende, si seguimos al grupo popular y su moción, que una pesquería como la del cerco, con una flota de 153 barcos, no cuente en la Administración con un observatorio que nutra a un Consello Galego de Pesca y precise estudios ad hoc de último momento. Sobre todo cuando el año pasado ya el desplome de capturas fue de un 66 % de lo capturado en años anteriores, no superando las 4.500 toneladas. Si bien con precios disparatados que mejoran las cuentas de las flotas mediterráneas. Como evidencian los excelentes resultados de los puertos alicantinos de Santa Pola o Torrevieja, con facturaciones por encima de 48 millones de euros debidos principalmente a la demanda gallega y cántabra de sardina y anchoa.

Cierto que la sardina tiene fluctuaciones naturales y migraciones, y no solo la sobrepesca es la causa de sus desapariciones. Por ello, sistemas de gestión ya ensayados -años 1991 y 1992- con paradas biológicas y vedas, parecieran planes de gestión -con un área más amplia que la actual- de mejor eficacia que un tope de toneladas a capturar que hace inviable la flota.

Pero mi deseo sería que alguien escribiera, al modo de Mark Kurlansky en El bacalao, el pescado que transformó el mundo, la saga de la pesca de la sardina que transformó Galicia. Porque si los ingleses tuvieron sus tres guerras del bacalao, los gallegos no paramos aún hoy de guerrear por la sardina. La penúltima, la del xeito en Europa, y siempre la del cierre, año sí, año también, de su pesca en aguas gallegas y portuguesas.

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