Hay que cortarle el micro


La frase la dijo ese ninja de las palabras que es Alfonso Guerra, un cum laude en epatar. Se refería a Pablo Iglesias. Ese apóstol de camisa blanca que reniega de la transición al mismo tiempo que canta los himnos de la transición. Ese nacido de izquierdas que cada vez se ancla más al centro. Ese líder de un partido que quiere pescar en todos los caladeros (en la costera del bonito de IU y del PSOE y en el Gran Sol del PP), como exudan las encuestas. Dijo Guerra, el vicepresidente del Palace, que tanto hacer chistes con cortarle la coleta, cuando lo que hay que hacer es dejarle de dar tanto protagonismo, propaganda o publicidad. De Podemos se habla siempre. Los cabreados que van detrás de esa nueva fuerza, para impulsarla. Y los que están en contra, para hundirla, pero, al hacerlo, en un extraño malabar, también la empujan. Pero todavía les queda mucho tiempo para quemarse. Ya han descubierto que cerca del sol se derrite la cera. Y que el protagonismo gasta al protagonista. Ahora promueven esa marcha popular de enero que no es más que otra forma de estar en las primeras páginas. De protagonizar el debate público, mientras los demás partidos lo que hacen es «prota-agonizar». Habrá que usar todavía mucho el nivel y el pulso de los buenos albañiles para ver en qué se queda este amanecer. ¿A qué alcaldías se presentarán? Y, si logran alguna, les tocará gobernar y demostrar que los milagros existen. Que panes y peces se multiplican más allá de la Biblia.

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