Lunes festivo. El alumbrado navideño se asoma a las calles y empiezan a aparecer tras las ventanas las guirnaldas de los árboles familiares que ilusionan y entretienen a los niños sin cole. La Voz cuenta en la portada de su web que el comercio gallego experimenta un tímido repunte tras cinco largos años de intenso cierre de negocios. Expectativas de creación de empleo, aunque sea temporal y precario. Rajoy vende en México por enésima vez la recuperación española. Noticias positivas para caldear el ambiente que ya huele a Navidad.
Pero la misma portada de La Voz del mismo día festivo enfría con rapidez los ánimos: más del 10 % de los españoles no llega a fin de mes y cuatro de cada diez no tienen capacidad alguna de ahorro; el 40 % de los parados no cobra ya prestación.
Mientras, el presidente del Gobierno, de viaje en México, se enorgullecía de nuevo del milagro económico español. Un milagro que sigue en las alturas de la macroeconomía y aun ahí lo enfrían las exigencias europeas de un nuevo y considerable apretón de cinturón en el 2015 para rebajar el déficit.
El rey, al que también le toca vender en América imagen positiva, se apunta a las expectativas de crecimiento, pero con una llamada a traducirlo «en un bienestar real para todos los ciudadanos, en una distribución justa y equitativa de la riqueza y en un espacio de oportunidades para todos».
Si no lo hubiese dicho en México, de guayabera y ante empresarios iberoamericanos, parecería un mensaje para Rajoy. Por el lugar y el auditorio, no sería el recado de un rey que intenta ir recuperando prestigio perdido por la monarquía para el líder de un Gobierno que se hunde en valoración popular. Pero lo parecía.