De Podemos ya se ha escrito todo. Y todavía se escribirán varias enciclopedias más. La marca blanca de Pablo Iglesias, a pesar de anunciar su calculada ambigüedad en las municipales, sigue irrumpiendo en las encuestas. Pero la pregunta del millón es qué harán todos esos gallegos que en el trabajo de Sondaxe dicen que votarían a Podemos en las municipales (número que crece todavía más si se les dice que harían en las generales) cuando, de verdad, tengan delante la urna de las municipales. ¿Estará la marca Podemos entre las papeletas? ¿Alguna de las mareas o movimientos ciudadanos conseguirá el sello sagrado que parece que lleva aparejado el éxito? ¿Llegará Podemos a presentarse como tal en algún localidad gallega? Un montón de preguntas que demuestran que la política ficción es solo eso: política ficción. Un género fascinante que admite muchas interpretaciones, pero nada más. En las elecciones locales, los carteles tienen un peso definitivo. La cercanía de un rostro, para bien y para mal, suelen diluir lo que pasaría en unos comicios a La Moncloa. Pero el enfado está ahí. Y los ciudadanos, de momento, lo que dicen es que están hartos. Los que aspiran a alcaldes desde los partidos tradicionales tienen la mala suerte de que será en las municipales la primera vez que todos los cabreados tengan la oportunidad de expresar su hartazgo. Todos tienen mucho que trabajar y que explicar. La política es estrategia, pero también didáctica.