Con la cabeza alta


Uno no debe aceptar premios que no merece. Esto debería saber Ana Mato cuando la nombraron ministra. Porque, aunque a presidente del Gobierno o ministro puede llegar cualquiera, la realidad demuestra que cuando los méritos se limitan a lealtades, amistades y cabildeos de partido desde la tierna juventud, puede suceder y sucede que, alcanzado el cargo con el que ha sido agraciado, se evidencien las carencias y la desastrosa gestión política de ello derivada.

Ana Mato aceptó no un ministerio cualquiera, sino el arquitrabe del sistema de bienestar, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Ministerio que no por tener transferidas la mayor parte de sus competencias deja de jugar un papel central en la acción de un Gobierno, además de amparar más de un tercio del gasto público.

Su labor política en este ministerio fue desmochar toda una serie de derechos ciudadanos, sea en asistencia sanitaria o en atención a los dependientes. Ana Mato como ministra no dio la talla. Véanse si no las sucesivas crisis que fue incapaz de gestionar, sea la del ébola, la medicación de la hepatitis C, o las normas en copagos y asistencia farmacéutica, y su participación extraña en la ley del aborto abortada. Pero todo ello era previsible, y quizá el premio no merecido tenía como contrapartida convertirse en parachoques de políticas neoliberales diseñadas por otros.

Ana Mato entró enredada en la Gürtel y se fue en la primera de las piezas judiciales de este largo y amplio proceso. Se fue cuando el presidente del Gobierno, en su afán de ser justo (sic) con ella y mantenerla como ministra, se vio sobrepasado por la realidad judicial, algo que le sucede con frecuencia.

Uno podría compartir con Rajoy la afirmación de que España no está corrompida. Lo malo es que un ochenta por ciento de los españoles consideran que la corrupción es el mayor problema de España y tal afirmación del presidente del Gobierno, sometido a una bajísima valoración y elevadísima desconfianza de sus conciudadanos, es apenas titular de periódico recibido con rechazo.

La soledad con la que el presidente decidió gobernar le ha empezado a pasar factura. El problema a solucionar no era solo económico, y lanzado a caballo de su mayoría absoluta sobre temas tan sensibles como el aborto, los desahucios, el desmantelamiento de la sanidad, las becas y la nueva ley de educación, la reforma laboral, la apropiación de la Radio Televisión Española, las añagazas en el Tribunal Constitucional o en el Consejo General del Poder Judicial, más la inanidad ante el paro y el desempleo juvenil o el problema catalán, le han abocado a una situación insostenible.

Dos ministros dimitidos, su Partido Popular encausado por haberse lucrado de la trama de la Gürtel, y el presidente presentando, una vez más, medidas anticorrupción que nunca llegan.

O crisis de Gobierno, o cierre de legislatura. La ministra Mato, apenas un síntoma. Cuando fue nombrada y cuando fue cesada.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
22 votos

Con la cabeza alta