Racionalizar el mapa de titulaciones universitarias

Juan M. Lema Rodicio FIRMA INVITADA

OPINIÓN

19 nov 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

En reuniones de amigos, la racionalización del mapa de titulaciones universitarias es un tema de debate habitual. Empiezo por decir que racionalizar no me parece la expresión más adecuada, pues aunque la situación actual es mejorable, en modo alguno es irracional. Se ha instalado en la sociedad una opinión bastante extendida de que hay demasiadas titulaciones, que conviene evitar duplicaciones y, en aras de una mayor eficacia, cerrar aquellas que tengan una menor demanda. Y, desde luego, no creo que este sea un diagnóstico certero.

El mapa universitario de Galicia es muy conservador, y para muestra baste por indicar que en el campus de Santiago de Compostela el 80 % de los grados que se ofertan ya se impartían como licenciaturas o diplomaturas hace 30 años, en la mayoría de los casos con la misma denominación. Cuando se compara la oferta de Galicia con las de universidades más dinámicas, los resultados son muy decepcionantes. Pongamos algunos ejemplos a diferentes niveles. La Universidad de Gante, en Bélgica, ofrece 4 grados diferentes en disciplinas en Psicología y 2 en Derecho. La Universidad Autónoma de Barcelona oferta 7 títulos de grado en Biociencias. Y nuestra universidad extranjera más cercana, la Universidade do Minho (18.000 alumnos), ofrece 69 grados y 103 másteres -mientras que la Universidade de Santiago de Compostela, con 25.000 alumnos, oferta 52 grados y 59 másteres- entre las que se encuentran, por ejemplo, Ingeniería de Polímeros, Teatro, Relaciones internacionales, Diseño de moda o Enología, ninguna de ellas con presencia en Galicia?

La sociedad ha cambiado notablemente en intereses y demandas y, aparentemente, la universidad no ha sido capaz de renovarse suficientemente.

Tampoco se han prodigado suficientemente iniciativas en donde se ofrezcan titulaciones dobles, o másteres en combinación con universidades europeas o carreras que puedan seguirse totalmente en inglés y que pudieran servir como acicate a alumnos más exigentes, que buscan algo más y que, cada vez con mayor frecuencia, tratan de buscar en otras universidades españolas.

Y se pueden identificar varias razones para esta falta de dinamismo. Probablemente la principal ha sido una muy mala gestión del Sistema Universitario Galego, que, con el loable fin de «coordinar», sencillamente ha coartado la libertad de las universidades para buscar su perfil, cercenando propuestas no por deficiencias, sino con la disculpa de «evitar desequilibrios». Parece que nuestros rectores hubieran estado más preocupados en abortar iniciativas en otras universidades que en promover proyectos propios. Por idéntica razón, el equilibrio, pero en sentido contrario, se han autorizado titulaciones con muy poco fundamento, que con los años han demostrado ser un fiasco para los estudiantes atraídos por nombres biensonantes.

Pero también la falta de iniciativa de los equipos de gobierno de las universidades y de los decanos, la rigidez del sistema de acreditación español (que hasta hace poco disponía de un «catálogo de titulaciones») y el conservadurismo de los profesores pueden explicar la lentitud de reflejos.

La reciente transformación de licenciaturas de 5 años en grados de 4 años ha liberado capacidad docente que debería ponerse al servicio de nuevas iniciativas. Entre tanto, parece que la mayor preocupación sea la de cancelar titulaciones con poca demanda (por una parte) o la defensa numantina de su supervivencia, a cualquier precio (por la otra).