Dos hermanos


Hay un municipio junto a Sevilla, nazareno e industrial, que huele más a humo que a azahar y que se llama Dos Hermanas. Como Dos Hermanos tendrían que rebautizar a Cervera, en Lérida. Por los Márquez. Por Marc y Alex, que han reescrito sobre ruedas Cien meses de rodada. Ya son los dos campeones del mundo. Luminosos como estrellas, pilotan sus motos por los rieles sobre los que orbita el planeta del éxito. Donde otros ven miedo, ellos distinguen las huellas de las pisadas de las gaviotas en la playa de las curvas. No son gemelos. Pero casi. Se llevan tres Navidades. Comparten algo que nunca se olvida: la infancia. Un lugar donde quererse es gratis y natural. Los dos olían a nafta de asfalto, mientras otros niños jugaban a los clics de Famobil y estudiaban Coñe o como sea que se llama en Cataluña. Ellos contaban vueltas cuando los demás críos contaban ovejitas o capítulos de Doraemon para dormirse. Marc ha peleado contra monstruos sagrados como Rossi o genios caídos como Lorenzo, al que parece que se le ha encasquillado el revólver de los vatios. España tiene tres campeones del mundo, de un solo trago, dos de ellos hermanos. Menos mal que nos sale algo bien. A la velocidad que marchan no hay mala sombra que los coma. Van sobre la moto, agarrados a la crin de la cilindrada como pegatinas. Hacen funambulismo sobre el alambre del viento. Corren mordiendo el corazón en la boca como quien muerde una granada de mano a punto de estallar. Solo Usain Bolt y Cristiano Ronaldo les aguantan en una recta. Dos campeones se acunan (acuñan) juntos.

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