Cuando un jugador de fútbol se lesiona, la dolencia no es solo física, también afecta a la mentalidad del jugador. En la recuperación de una lesión es importante tener presente el entrenamiento mental, con el fin de que el deportista asuma su situación lo antes posible, se centre en el proceso y, sobretodo, que supere con éxito las dificultades que le irán surgiendo.
Uno de los ejemplos más claros de éxito en la recuperación de una lesión grave es el caso de Filipe Luis, actual jugador del Chelsea y exjugador del Deportivo de La Coruña. El brasileño sufrió una rotura de peroné acompañada de una luxación del tobillo derecho que le tuvo apartado de los terrenos de juego durante una larga temporada. Sin embargo, gracias al trabajo de los profesionales que le acompañaron y a su fortaleza mental, Filipe Luis acortó plazos en su recuperación y siguió cosechando éxitos deportivos.
La otra cara de la moneda son aquellos jugadores que no logran volver a su nivel tras una lesión. Para un futbolista profesional una lesión supone mucho más que la simple dolencia física. Aspectos como el miedo a recaer o la falta de confianza en sus capacidades pueden generar un estrés que impida al jugador rendir al máximo de nuevo. Es por ello que es fundamental trabajar la parte mental de la lesión para contribuir al apartado físico.
Los jugadores fuertes mentalmente están más preparados para superar lesiones, así como para soportar el desgaste mental que suponen las recaídas. La fortaleza mental no es otra cosa que estar capacitado para superar cualquier dificultad que aparezca en el camino del deportista.
Joaquín Dosil es profesor de Psicología del Deporte de la Universidad de Vigo.