Ni antes era tan malo ni ahora es tan extraordinario. Los comentarios sobre fútbol se parecen mucho a los análisis de la realidad política de España, que en este país los hacen los humoristas. Diez o bajo cero, como si entre medias no hubiese más puntuaciones. Somos país de extremos, a pesar de que, con los extremos, solo se termina por tirar de las sogas. Fuimos país de extremos de los de toda la vida, de los que pisaban la cal y sangraban el gol desde la banda, como Gento, Rojo o Argote (aquel Estanislao). Karim Benzema juega por el centro, de 9. No es un 9 mentiroso. Es un 9 más como los de toda la vida, de los que se ofrecen para la pared (una de las gracias que mejor ejecuta), de los que saben jugar de espaldas y por arriba. Tenía largas ausencias con el gol (no quieres un delantero centro como un albañil, solo para hacer paredes, o no deberías), pero esta temporada ha encontrado esa suerte que le faltaba y que ha hecho que los pitos del arca del Bernabéu muden en aplausos por soleás. ¿Era tan malo como cuando parecía una versión 2.0 de Anelka y era suplente intermitente de Higuaín? Ahora no hay competencia en su puesto. Está más fino en el físico. Ha perdido cuatro kilos y ganado once goles. Su mejor arranque con el Madrid. Carlo está enamorado del fútbol asociativo de este jugador al que apodan el gato o Benzeman. Entre los centrales se mueve como una sombra, pero lleva un cuchillo bajo la sotana blanca.