¿Hay algún Prim en Cataluña?


Desde el comienzo del proceso autonómico, Jordi Pujol se esforzó en construir el cesto de la independencia en Cataluña con mimbres que él denominaba «fer país» y que tenían como fundamento la trilogía: bandera, educación y lengua.

De ese proceso para la denominada «construcción nacional» nacieron la inmersión lingüística en la educación y el lavado de cerebro de dos generaciones (hasta el momento) de niños y jóvenes. En paralelo se fundaron los «instrumentos de Estado» que definió Artur Mas: TV3, Mossos d?Esquadra, Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat, Teatro Nacional, Orquesta Nacional, Agencia Meteorológica de Cataluña, Asamblea Nacional, Consejo Asesor de Transición Nacional, Pacto Nacional por el Derecho a Decidir? Y todo este pastel creciendo ante la incuria de los Gobiernos centrales del PSOE y del PP.

Simultáneamente Pujol cercenó cualquier intento (y hasta pensamiento) de que en sus filas y en las de sus contrincantes catalanes en Cataluña pudiera aparecer un Prim que se implicara en la gobernación de España como lo hizo el insigne hijo de Reus. Y por eso vetó el nombramiento como ministro de cualquier miembro de CiU y no vio con buenos ojos y hasta boicoteó taimadamente la irrupción del Partido Reformista Democrático (PRD) en las elecciones generales de 1986, con Miquel Roca i Junyent, uno de los siete padres de la Constitución de 1978, como candidato a la presidencia del Gobierno.

Lo que se bautizó como operación Roca cosechó un rotundo fracaso: 194.538 votos (0,96 %) y ningún escaño, entre otras razones porque, para dar su beneplácito, Pujol impuso que el PRD no se presentara en Cataluña (tampoco en Galicia), con la excusa de que el referente en esa comunidad era Convergència i Unió (y en Galicia Coalición Galega), aunque la auténtica razón era que Roca podía obtener muchos votos en su tierra, en detrimento de CiU, en detrimento de Pujol.

Según la mayoría de sociólogos, si el PRD se hubiera presentado en Cataluña, Roca hubiera conseguido escaño y desde él y con el paso de los años quizás la historia de España hubiera sido distinta y más parecida a la que soñó y practicó aquel otro catalán grande y grande de España que fue Juan Prim, que, como ha escrito el historiador segoviano Emilio de Diego, «supo conjugar el sentimiento y la entrega a la patria chica y a la patria común de todos los españoles, armonizando la soberanía nacional con la Corona como garantía de la libertad en el marco de la Constitución».

La pregunta, pasado ya el 9-N, es: ¿hay algún Prim en Cataluña?

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