El nuevo escenario electoral en Cataluña


Las encuestas realizadas en Cataluña en los últimos años nos dijeron que nueve de cada diez ciudadanos de 18 y más años de edad están satisfechos con su modelo educativo, ocho exigen el derecho a votar lo que crean conveniente y siete querían celebrar la consulta no refrendaría del 9 de noviembre que ha impedido el Gobierno. Ese número es transversal y es de todos, porque incluye a nacionalistas, unionistas y otros sureños de la Unión Europea antes que otra cosa, como son los votantes de Podemos.

Siete de cada diez de todos los que votan son 3,8 millones de personas sobre un censo total de 5,4 millones de electores. En este rango de las grandes mayorías, la Diada de este año reunió a casi dos millones de personas, que reclamaron la celebración de la consulta no refrendaría. Las encuestas previas y posteriores al recurso del Gobierno informaron de que seis de cada diez acatarían la suspensión de esta consulta de una u otra forma; unos acatando sin más, otros manteniendo este objetivo, aunque aplazando su materialización. Estos datos son coherentes con la transversalidad de la demanda de un derecho ciudadano, el de votar exactamente esto, y la intensidad de la presión de la sociedad: si fueran siete u ocho de cada diez los ciudadanos de Cataluña determinados a independizarse unilateralmente, Cataluña sería independiente. ¿Cuántos son, entonces? Esto es lo que no quiere saber el Gobierno, pero tampoco el PSOE de Pedro Sánchez.

La matemática de unas elecciones autonómicas en Cataluña ha cambiado respecto al 2012 por la irrupción de Podemos y la progresión de ERC a costa de CiU.

Ahora ganaría ERC (37 escaños), luego CiU (28), Ciutadans (16), PSC (16), PP (15), Podemos (10), ICV-EUiA (10) y CUP (3). Aunque CUP agregara tres escaños más, que puede hacerlo en Barcelona, el frente soberanista (81 escaños en el mejor de los casos), retrocedería respecto a la posición actual (87). Luego no habrá elecciones inmediatas, salvo que sean verdaderamente plebiscitarias mediante una candidatura conjunta de la sociedad civil y los partidos políticos, un lugar donde no se espera a la UDC ni a ICV.

Sobre las posibilidades de éxito electoral de esta candidatura unitaria, son inciertas, aunque hay algunos datos que pueden servir para aproximarnos, como los 2,4 millones de electores que estimamos con las encuestas publicadas para el doble sí de haberse celebrado con normalidad la consulta del 9-N que convocó Artur Mas. En estas circunstancias, y en otro espacio electoral, la UDC de Duran i Lleida agregaría un volumen sin duda importante de electores de CiU, ahora desmovilizados, y otros de orígenes tan diversos como el PP, luego su posición distinta suma y el soberanismo ensancha su base electoral, restando poco al independentismo.

Las elecciones generales deberían venir anticipadas para cubrir la catástrofe municipal del bipartidismo, pero el Parlamento español se fragmentará tan pronto se vote; estos son datos a tener en cuenta para fijar la fecha de estas elecciones catalanas.

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