Monjas


De niños jugábamos a repetir rápidamente la palabra monja hasta que empezaba a convertirse en jamón, y nos tronchábamos de risa. Ahora las monjas vuelven a estar de moda. Ya no se llaman monjitas, que era el eufemismo para llamarlas tontas. Ahora las monjas son tres: la hermana Paciencia, la misionera del ébola; sor Lucía, conocida también por «la monja cojonera», con perdón, y la italiana sor Cristina que es una versión actualizada de la hermana sonrisa, aquella de Dominique nique nique. Esta sor Cristina es la más monjita de las tres. Paciencia Melgar es tan española como Pujol, porque nació en nuestra Guinea, y se quedó tirada en Monrovia cuando trajimos al padre Pajares. Y, paradojas de la vida, él murió aquí mientras ella sobrevivió allí y se vino después para salvar con sus anticuerpos a Teresa Romero. Lucía Caram es de la tierra que vio Rodrigo de Triana cuando gritó «Tierra» descubriendo América, la República Dominicana. Lucía Caram además de saber bailar merengue es lista como un rayo y tiene el carácter de Teresa de Cepeda, la santa de Ávila que además de fundar escribió una extraordinaria poesía mística. Lucía se ha convertido en el azote del Gobierno, y es feminista, para disgusto del obispo de Alcalá de Henares. Porque en la Iglesia, al contrario que en la calle, quien viste oropeles y joyas son los hombres. De las mujeres, como Tamara Falcó y las miguelianas, se espera sumisión y tontería. Pero creo que con Lucía y con Paciencia el obispo complutense ha pinchado en hueso.

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