El país de los Nicolasines


España es un país de grandes genios. Pizarro, Goya, Cervantes, Velázquez, Ana Mato y el pequeño Nicolás, por citar solo los más representativos en el campo de la cultura y la creación. Y aunque todos mostraron sus genialidades, ninguno pudo hacerlo a edad tan temprana como Nicolasín. Un fenómeno.

Si Nicolasín, de los Nicolasines de toda la vida, no hubiese nacido en España y lo hubiera hecho en Hungría, por ejemplo, sería Harry Houdini, el mejor escapista de la historia; porque no es menos invisible de lo que se hacía ser el ilusionista. Pero vino al mundo en este país de truhanes e impostores, de triunfadores farsantes, de tramposos y charlatanes y tiene todas las posibilidades de tocar el cielo porque se ha revelado como uno de esos admirables y exitosos jóvenes emprendedores que hacen su trabajo desde el anonimato y la oscuridad.

Eso es lo que hace Nicolasín, por muy inexplicable que parezca; trabajar de incógnito. Y aunque usted y yo lo vemos en fotos junto a Felipe, Letizia, Botella, Rajoy, Cospedal, Aznar, Aguirre, Rosell, Arturo y Ana Rosa, nos dicen que estamos ante un perfecto desconocido. Un milagro. Nadie sabe a qué se dedica, ni lo que hace. Le pasa como a Urdangarin, Bárcenas, Acebes, Gerardo Crespo o Rato, que a día de hoy no hay fotos ni vídeos que valgan porque son unos extraños e ignorados, pero que en el fondo cumplen sus objetivos de saqueo y enriquecimiento.

Y eso es lo que le aguarda a Nicolasín. El éxito. Porque este es el país de los caraduras, embaucadores y embusteros. Son los llamados a alcanzar la gloria.

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