Una de chorizo y lomo para Teresa


Cuando una chica de la montaña pide chorizo y lomo ya no hay virus que la doble. Apetito tan enxebre indicaba que Teresa había pasado lo peor del contagio por el carracho africano. El país suspira aliviado pues es posible controlar al ébola aunque no exista aún tratamiento con eficacia y seguridad contrastada. El rápido y agresivo ébola se ha topado con una persona mental y físicamente fuerte (por algo era voluntaria al igual que los compañeros y médicos que la han salvado) y con un medicamento experimental, el Favipiravir, que debe ser algo así como el pastillón de amplio espectro que de viejo administraban los médicos militares en los ambientes tropicales.

Teresa también ha tenido a Paciencia, hermana de sangre africana cuyos anticuerpos se sumarán a salvar vidas. Es una enfermedad terrible pero abordable, como ocurre con el sida... siempre que vivas en un país desarrollado. Porque esa es la piedra de toque. Los virus no entienden de fronteras y pretender contenerlos tomando temperaturas en los aeropuertos es obviar la devastación de esta cepa en África occidental, con índices de mortalidad que alcanzan el 90 % de los infectados. Si no se controla la epidemia en origen, si no se les ayuda eficazmente allí, morirán, y el riesgo de propagación internacional será altísimo. Pese a las actuales restricciones aéreas, se calcula que desde Guinea, Liberia y Sierra Leona pueden «colarse» unos tres pasajeros infectados cada mes. Seguramente viajen a Ghana, Senegal o Gambia y a España podrían llegar incluso vía Francia y Reino Unido.

Pero alegrémonos por Teresa, que ha transitado momentos muy críticos del brote, «sin grandes esperanzas». Seguro que ya desea respirar un poco de aire de Os Ancares para recuperar sus pulmones.

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