El fútbol ofrece opiniones diversas sobre un partido que acaba de jugarse con un resultado que se considera polémico. En el fútbol, con frecuencia, sorprende la presentación que se hace de un encuentro, siempre en teoría porque la verdad la dirá el marcador final. Opinar es libre, como se veía ayer en La Voz de Galicia, donde está recogida la historia del club coruñés, que tanto gusta recordar a los veteranos como a los jóvenes se les pasa volando. El seguidor, siempre que hable de su equipo, lo hará arrimando el ascua a su sardina.
El fútbol ofrece tantas vías para opinar que la sensatez (que no abunda en este deporte) permite emitir juicios diferentes sobre un mismo tema. Ejemplo: en el Punto de Mira de ayer, aquí se advertía que al Deportivo le espera «un rival siempre difícil», mientras en la misma página de Deportes se podía leer: «No es tan fiero el Valencia?» Cada titular acepta un análisis razonable sobre el comprometido partido que obligó a decir al entrenador coruñés: «Haré cambios en todas las líneas», algo que para algunos parecerá exagerado.
Lo único cierto es que el Deportivo se las verá hoy con un rival que sembraba el pánico en los años 40, cuando aparecía como tercero o cuarto en el escalafón de la Liga española. Se lo mencionaba a Carlos Pellicer cuando le recordé aquella delantera que formaban Epi, Amadeo, Mundo, Asensi y Gorostiza, este último colgaría las botas tras el comentado partido de Mazagatos que el 8 de febrero de 1942 me originó el mayor disgusto de mi niñez, al creer imposible que alguien le marcara 3 goles a Acuña, en Riazor.
El fútbol ofrece diversas vías para alcanzar el triunfo, y hay que mentalizarse antes de saltar al campo: «En la caseta, al mismo tiempo que se pone uno la camiseta», me comentaría el doctor Pellicer, que jugó en los dos equipos.