La economía es una ciencia que se mueve entre la adivinación, la necrofilia y la autopsia. Los economistas cada vez más parecen forenses. ¿Para cuándo una serie en la televisión sobre economistas surfeando al límite las olas de las recesiones? Ya hablan ahora de la tercera recesión. Draghi ha dicho que la recuperación en Europa es frágil, desigual y débil. En el 2009 ya estuvimos en números infrarrojos. El 2010 fue la broma de los brotes verdes. Pero ni brote ni verde. Otra vez las alarmas sonaron en el 2012 y en el 2103, y provocaron el miedo entre la población como si fuesen alarmas antiaéreas. Y la economía se lleva muy mal con el miedo. Así es que sucede, según los expertos, que el consumo no crece por el aumento de la renta. Lo hace a costa del ahorro. Unos hablan de que viviremos un estancamiento a la japonesa. Y otros de que el camino será un festival de trompicones. Los gráficos de nuestra salud económica son similares a los de alguien pasado de pulsaciones que, al día siguiente, está casi sin pulso. En España, para echar una manita, el Gobierno sube las pensiones en plan chiste. En Galicia, por ejemplo, 1,75 euros. Y aquí se cobran las pensiones más bajas de España, después de Extremadura. Ese camino lleva directo a una tercera recesión. Claro está que también se puede cebar el motor con gasolina de una vez. Hacer que llegue el dinero de los bancos a las familias y las empresas para que no vuelva a cundir un pánico que no sirve para nada.