Otro paso para deshilachar España


Lo de menos es que dimita el presidente de RTVE. Al fin y al cabo, ningún presidente de esa empresa pública permaneció en su puesto por el tiempo reglamentado. Antes y después del Estatuto de RTVE, todos los directores generales y presidentes dimitieron, seguramente porque no soportaban ese «potro de tortura», como le llamó José María Calviño. Todos huyen despavoridos. Su dimisión es algo previsible, y supongo que con ella cuentan todos los gobiernos. Lo grave del abandono de Echenique es por qué tira la toalla: porque el ministro de Hacienda le niega los 130 millones de euros que se necesitan para sostener la empresa. Es decir, que el Estado le quita a RTVE los ingresos publicitarios, pero no le facilita la financiación para producir programas. Quizá tenga razón el ministro. Quizá RTVE sea muy cara. Quizá sea preciso otro ERE. Quizá esté empleando mal sus recursos. Pero no escribo este comentario para entrar en esa discusión técnica y economicista. Lo escribo para decir que el Gobierno del Estado asfixia económicamente a la televisión del Estado, y eso merece una severa consideración.

Si todavía entendemos a España como una nación, no es concebible que el Estado no pueda financiar una radio y una televisión pública estatal, mientras que sus autonomías sí sostienen televisiones regionales, y en Cataluña y el País Vasco con varios canales. En algún momento han llegado a tener un déficit similar al famoso déficit sanitario. El dinero, al final, sale del mismo sitio, que son las arcas públicas, pero con una diferencia de destino: en el País Vasco y Cataluña se utilizan para fomentar el sentimiento nacionalista y así nos va. Por lo leído en determinados diarios, la televisión catalana está siendo una escuela de separatistas.

Y así, mientras el Estado se deshilacha con un Mas instalado en la independencia y un Urkullu que plantea la soberanía compartida, el Estado maltrata y parece que quiere silenciar unos medios de comunicación que estructuran España. La estructuran más que el resto de las instituciones, gran parte de las cuales están en vergonzante retirada. Y, encima, son la imagen de España en el mundo a través del Canal Internacional de TVE y Radio Exterior. Eso merecería un mimo por parte de los poderes públicos, desde la Corona hasta la última jefatura de negociado. Pero veo que el miserable triunfo de ahorrar unos euros le importa mucho más a este Gobierno que la cohesión nacional. Se dice que el gran error de la España democrática ha sido entregar la educación a autonomías de dudosa lealtad. Pues todavía puede haber otro peor: entregarles el poder de la información. O de la manipulación, me da igual.

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